La articulación temporomandibular
La ATM (articulación temporomandibular) está formada por dos superficies articulares, una pertenece al cóndilo del hueso de la mandíbula y la otra una superficie articular o cavidad helenoide del hueso temporal. Ambas superficies articulares están separadas y a la vez protegidas por un disco o menisco articular.
La mandíbula tiene dos movimientos, uno de rotación que lo realiza sobre su eje con una mínima apertura bucal en dónde las superficies articulares son convexo y cóncavo. Y en el movimiento de apertura máximo, como por ejemplo al bostezar, el cóndilo de la mandíbula llega y se enfrenta hasta la eminencia articular del temporal enfrentándose dos superficies convexas. Esta situación genera inestabilidad en la articulación y es allí dónde es importante la presencia del disco articular, que va a tratar de dar estabilidad a esta articulación y proteger para evitar el roce del hueso.
Cinética mandíbular. Rotación y traslación
En la parte posterior de la ATM tenemos un tejido llamado tejido retrodiscal, el cual está lleno de nervios y está muy vascularizado, además presenta fibras elásticas y su función es la de relleno. Cuando el cóndilo de la mandíbula viene hacia delante y se hace la apertura máxima se genera una presión negativa, un vacío que es rellenado por este tejido retrodiscal. Cuando este cóndilo se dirige hacia el discal y comprime el tejido se genera dolor, porque es una zona muy vascularizada y nervada.
Esta articulación está conectada con el oído, es por eso que muchas veces las primeras consultas no son al dentista, sino al otorrinolaringólogo, ya que se siente dolor de oído, sensación de oídos tapados...

No hay comentarios:
Publicar un comentario